martes, 30 de octubre de 2012

Cuerpo de Clio, alma de Williams



En los años 90, la exitosa relación Williams-Renault triunfaba en el mundo de la Formula 1, una sociedad que marcaría una época dorada y se consolidaría como el equipo más fuerte del campeonato conquistando cuatro títulos mundiales de pilotos y cinco de constructores. Pilotos como Ayrton Senna, Alain Prost y Nigel Mansell tuvieron la oportunidad de pilotar éstos monoplazas dejando en nuestra memoria maniobras históricas y carreras que jamás caerán en el olvido. Su ambición y sucesiva obtención de victorias, premios y récords sirvieron para que moldearan un sello propio: vanguardistas del asfalto.


Fruto de ésta magnífica alianza, en 1992 Renault presentó el único vehículo de calle con apellido Williams: el Clio. Inicialmente se fabricarían tan sólo 2.500 unidades, el número mínimo que la FIA exigía para poder homologarlo como vehículo de competición, ya que Renault Sport tenía en mente trabajar con éste coche para competir en la Fórmula 2 del Campeonato del Mundo de Rallies. Esta cifra, debido al éxito de ventas aumentaría hasta colocarse por encima de las 4.000 unidades producidas, no obstante, pocos son los afortunados que poseen a día de hoy uno entre sus manos.




Este mini-Gti se comercializaría como una edición limitada que podemos distinguir por el color azul metalizado de su carrocería heredado del del fabricante inglés de Fórmula 1 Williams y por las llantas de aleación Speedline doradas de 15 pulgadas que trae de serie. El cuerpo exterior se completa con dos discretos anagramas dorados en los laterales y otro en la parte posterior que reproducen el logotipo de la escudería británica. Además éste deportivo posee un valor añadido para coleccionistas y es que cada modelo incluye una placa en el salpicadero que identifica cada unidad de ésta serie. Uno de los detalles exteriores más interesantes y que lo caracterizan es la entrada de aire en el capó, la misma que monta su hermano pequeño, el Clio 16 válvulas.




El corazón del Williams está formado por un motor de dos litros, 16v, con inyección electrónica y catalizado que desarrolla una potencia de 147 cv que le permiten acelerar de 0 a 100 km/h en 7,5 segundos y alcanzar una velocidad máxima de casi 215 km/h. El motor está derivado del que monta el Clio 16v pero aumenta su tamaño de 1.764 a 1.998 cc. Para ello, entre otras cosas se ha aumentado el tamaño de los pistones y se ha incrementado la carrera hasta los 93 mm. La culata está fabricada mediante un proceso similar al utilizado en la Fórmula 1, resultó bastante frágil por lo que algunas unidades presentaron fallos que provocan un consumo excesivo de aceite. El consumo medio de gasolina está entorno a los nueve kilómetro por litro en urbano y unos doce kilómetros por litro a en autopista.

La dureza de su suspensión parece remar en contra de su confort, especialmente en calles empedradas y terreno desparejo. En cambio se comporta de forma brillante sobre el asfalto, donde su gran capacidad de viraje permite dar trazadas muy precisas. Cuando se exige hasta sus límites al Clio Williams la tendencia es subvirante, pero basta con un golpe de dirección y un toque de acelerador para transformar a éste monstruo en sobrevirante

En cuanto a los frenos, equipaba cuatro discos ventilados de 259 mm delante y de 238 mm detrás que ofrecen una gran sensación de seguridad bajo cualquier situación, un dato muy significativo teniendo en cuenta que no incluye ABS, aunque favorece el frenado el hecho de que tan solo pese 990 kilogramos.

Una auténtica bestia que para nada sacrifica estilo, confort, seguridad, ingredientes básicos para una conducción placentera. La espaciosa parte delantera del habitáculo ofrece una gran visibilidad, espejos y elevalunas eléctricos y los famosos asientos del R-19 16 válvulas tapizados en pelo gris y con el logotipo de Williams bordado en color azul en el respaldo. Butacas realmente cómodas que agarran muy en curvas cerradas, pues se trata de unidades de competición perfectamente acolchadas con reposacabezas que recogen con comodidad la cabeza del conductor. El espacio reservado para la parte trasera es menor, además hay que tener en cuenta que al tratarse de una versión de tres puertas tanto el acceso como la permanencia en el interior no es tan agradable. El maletero como el de todo vehículo de éste tamaño no es muy espacioso, está diseñado para transportas pocos bultos, pero cabe la posibilidad de ampliarlo recostando los asientos traseros.



El panel de instrumentos está formado por esferas en color azul claro; además de los relojes comunes a todos los Clios, velocímetro, cuentarrevoluciones, indicador de combustible, de temperatura y nivel de aceite, éste modelo incluye una consola central con tres relojes más que señalan la presión y temperatura del aceite y el nivel de lubricante del motor. También es muy bueno el tacto del volante forrado en cuero, al igual que la caja de cambios de cinco velocidades que se comporta de forma precisa y ágil y permite estirar los cambios hasta las 6.500 rpm. Es curioso saber que el coche se puede conducir sin problemas a 40 km/h en quinta velocidad y acelerando sin ningún tirón o vibración, gracias al estupendo torque y relación de la caja. Los cinturones azules son una peculiaridad y el único aspecto negativo es la ausencia de aire acondicionado, que no puede ser adosado al motor por falta de espacio suficiente, pero que pasa a ser un detalle que queda en segundo plano gracias a todas las demás ventajas que ofrece el vehículo.



Por tanto, nos encontramos ante una leyenda del automovilismo, uno de los pioneros en incorporar la tecnología de la la Fórmula 1 a la calle y en definitiva un coche que refleja la historia de dos fabricantes unidos por una misma causa: la pasión por la velocidad y las carreras.



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